domingo, 21 de enero de 2024

Todos los meses subíamos a pamplona, al médico, a pesarme. Normalmente ibamos los tres, mi madre, mi padre y yo. Una tarde de invierno mi padre decidio seguir por la carretera, no coger la autopista. Tenias la opcion de subir a pamplona por carretera, o por autopista, y se podia tambien elegir tramo. Nosotros siempre ibamos por carretera, para ahorrar.

Una tarde de primavera, subimos solos mi padre y yo. Las cosas todavía funcionaban, yo habia pasado todo el invierno a regimen y habia adelgazado mucho, todavia estaba viva.

Por aquel entonces mi padre conducia un FORD CROSWOL, que era un pepino de coche con un motor de carreras. Ibamos muy rápido, siempre ibamos muy rapido. Antes de llegar a Peralta, de pronto, la guardia civil. Mi padre me miro y yo le dije tira. Piso el acelerador y volamos delante del demonio verde que nos seguia cada vez mas lejos y con las luces sonando y brillando. Una persecucion de pelicula en la que nosotros eramos los malos. Lo mas. Al cruzar el puente de Peralta abandonamos la carretera y subimos por las callejuelas del pueblo dimos un par de vueltas y encaramos la carretera de nuevo justo para ver como el demonio verde pasaba corriendo , luces brillando y sonando, persiguiendo...un fantasma, pues nosotros nos incorporamos tranquilamente a la carretera para seguirlos por detras.

martes, 16 de enero de 2024

 El régimen consistia, pues, en desayunar leche desnatada ( que es agua con un poco de cal de la pared), con tres galletas integrales, luego te ibas a sexto de EGB con la regla, a la hora del almuerzo mirabas a los demás, y a la de la comida tratabas de sentarte estrategicamente en el sitio más alejado del pasillo para meter el primero en una bolsa y al bosillo de la bata, el segundo en otra, y al otro bolsillo, y salir corriendo para tirarlo a la papelera. Luego te ibas a clase, y a esperar el autobús hora y media, hasta que por llegabas a casa donde te podias comer una cuajada, o un poco de qeuso fresco ( pesando los gramos) y esperar pasando frio hasta la hora de cenar, que como mucho y haciendo un exceso, colifror y una tortilla, y ala, a la cama a no dormir, porque claro, iba de anfeta.

Se pasa mucho frio cuando no se come, y más aún si las monjas y tu padre son de un tacaño supino y no ponen la calefaccion. Yo aun recuerdo el calor que hacia en el piso de mis primas, que tenian calefaccion central. Y pasarme la tarde agarrada al radiador de la cocina de casa, intentando calentarme.

Al principio, adelgace. Pero no lo suficiente. Porque enseguida subieron la dosis de pastillas. 

Pero siguiendo con la comida, mi madre era por entonces una señora que cocinaba borraja y filetes de cordero a la plancha. Como mi padre era gordito, esa rutina se extendio para todos. Asi que mi hermano, que era un tres chichas, se mudo al piso de abajo, donde vivia mi tia, que era el paraiso, comian huevos fritos, bizcochos, ternera guisada...en fin, comian.

Nosotros no, nosotros acelga con mayonesa y venga filetes de cordero. Y pescadilla. Se murio mi padre rico sin haber conseguido que mi madre le pusiese una buena rodaja de merluza para comer. Que triste.

En mi vida entro el requeson. De toda la vida los vecinos de enfrente son los Serrano. El padre, amigo de mi padre desde la infancia. Ellos tenian una vaqueria, y la mujer. Amparo, vendia la leche en el portal de su casa. Y me guardaba el calostro cuando parian las vacas. Te debo la vida Amparo.

Eso si, todo muy pesado y muy medido y muy comedido. Ninguan alegria.

Bueno, tanto no. Al principio, mi madre ponia el sabado menestra y pollo asado. Fiesta grande. Si era verano, ensalada mixta y pollo asado. Fiesta aun mas grande. Los domingos, como tenia bula, comia galletas de chocolate y magdalenas. Mi madre ponia cotillas de cerdo asadas. Y asi fui adelgazando, hasta que la regla dejo de venirme. 



lunes, 15 de enero de 2024

 Yo odio la palabra regimen, prefiero dieta. Porque a mi me pusieron a regimen, y asi se ha quedado la cosa. Me parece cutre, y no muchas palabras me parecen cutres.

Partimos de que en mi casa, coo mi padre era regordete, no abundaba la comida. Mi madre no tiene mucha imaginacion, ni la quiere. Eramos de borraja y cordero a la plancha. Se murio mi padre rico pero sin poder comer en casa una rodaja de merluza en condiciones.

Se acabaron los macarrones y el arroz a la cubana. Al colegio con un vaso de leche desnatada ( ahora tengo osteoporosis como no) y apañatelas. La hora de la comida en el colegio era una tragedia. Partimos de que aquello era intragable, asi que muchas niñas la tiraban, La metian en bolsas y de ahi al bolsillo del baby y a la papelera.  Yo me uní a ese club, integrado por las niñas que tambien estaban a regimen,  y alguna otra moderna, y mi prima, y compañera de muchos vaivenes. Asi me las apañaba para no comer. Cuando habia legumbre y era por lo menos tres dias, era una tragedia, porque las bolsas no eran suficientes para meter aquello, las batas se marchaban....Pero nos las arreglabamos para no comer. A ver, quede claro, yo no tenia opcion. Porque hubiese comido piedras por aquel entonces, pero no podia ser.Mis padres nunca me preguntaron nada al respecto, tengo que decir.

Como no me gusaba la fruta y en acto de extrema dedicacion mi madre decidio alimentarme de cuajadas. Esa era la merienda. O queso fresco. 

Y ahora os hablare del requeson.



 Al colegio de Teresianas íbamos las dos hermanas que vivían a las afueras del pueblo y yo. Si mi familia era moderna, la suya me ganaba por goleada. Tenáía una vajilla con rayas de colores, que luego copio mi madre, y un frigorifio con grifo de agua incorporado. Comian cosas modernas, eran modernos. Cada semana nos llevaba su madre, o mi padre, la colegio. Y volviamos en un autobus despues de esperar hora y meida en una estacion cutre llena de yokis, y gente de estacion de autobuses. Ese era nuestro dia. Las nilas roda era tambien un poco gorditas, y la madre,y el padre que eran unos enterados y muy muy modernos, le hablaron a mi padre, ojo, a mi padre, de un medico de pamplona, donde ellos iban a llevar a las niñas, para hacerlas adelgazar. Aqui empieza todo.

Una tarde mi padre nos llevo a mi madre y a mi a Pamplona al tal medico. Era un piso viejo, de techos altos y contraventanas de madera. Las paredes blancas. Las ventanas oscuras, madera, cerradas. Aquel era un hombre grande, pelo oscuro, quizas algo de joroba. Muy grande. Me recuerda a Gargamel.

Tambien había una enfermera, no muy joven.

Me pesaron en una báscula antigua, todo allí era viejo. Y no recuerdo hacer ningún tipo de prueba, pero...se decidió, y que alivio para todos, que mi metabolismo era lento. Eso era un alivio, porque no era una gorda viciosa o perezosa, era por el metabolismo, que era lento. Yo no se si mi metabolismo era lento o no era lento, pero vive Dios que me lo aceleraron.

Y a dieta, una dieta asquerosa para una niña de doce años, una dieta que basicamente consistia en no comer más que acelgas y borrajas con cordero a la plancha de lunes a sábado, y el domingo era fiesta. Como variantes super innovadoras se introdujo la cuajada, el queso fresco y el requeson. En otra entrada os hablo del requeson de Amperio, que seguramente me ha salvado la vida. Otra modernidad eran las galletas integrales. Y el domingo, fiesta. Me ponia de magdalenas morada.



jueves, 11 de enero de 2024

Hace muy poco tiempo que me he dado cuenta de que engaño. A ver engañarme lo he hecho siempre, a mí y al resto del mundo. Me refiero que cuando pienso en mi anorexia, en realidad solo recuerdo la segunda parte, lo que pasa a partir del ingreso en el siquiatrico. Y eso no puede ser. Porque la anorexia, como se entiende, fue antes, los años de no comer, del frio, de la piel arrasada que se caía, del pelo sin pelo..fueron antes. No los he borrado, los recuerdo. De manera quizás desordenada, hay que darles forma. Empezar por el principio y acabar aquella tarde de septiembre en que mi padre dijo no me la devuelvan hasta que este curada. Yo he pensado muchas veces en ellos, los demás, con consideración. Y nunca lo he hecho para mí. Llegó la hora.

Del internado está bien decir que fue una pesadilla. De aquel primer año, que poco ayudó a mi autoestima, ni a la de Mar Echegoyen ( la encontre cuarenta años despues, es un angel y muy talentosa a su manera). Solo contare que era la asignatura de gimnasia: una mujer de mi pueblo, con traje de falda y tacón medio, acudiá alguna mañana al colegio para impartirnos gimnasia, consistente en hacer el pino y balanza en barra. Ella con su pito y su traje falda chaqueta. Enorme, a esa señora yo no la he visto jamás ni salir de paseo. Nunca he sabido que hacía en el internado dando gimnasia, eso sera muy raro. Y claro, entre la comida y la falta de movimiento aquello solo sirvio para llenar el culo y las tetas de pan con mantequilla. Consecuencia de lo cual, al año siguiente, con diez años, yo era un monstruo, un rotabator. Y para mayor tragedia, me vino la regla, lo cual supuso una catastrofe porque yo no tenia ni idea de que era aquello, pero sirvió para moldear un cuerpo fofo, grande, torpe...lo que es un cuerpo adolescente, pero que entonces ...no sólo no gustaba sino que, al menos en mi entorno, repugnaba. Eso lo sentia yo que me daba cuenta de como me miraban los de mi casa. No tenia donde esconderme con ese cuerpo. No tenia gracia, no era bonita, el pelo grasiento, la cara gorda...aquello pintaba muy mal.

¿Que como estaba yo? pues supongo que fatal, y de aquel verano lo que yo recuerdo, es que todo el mundo comentaba mi estado. Recuerdo que alguien dijo, bueno de frente no esta tan mal, lo malo es de medio lado. Tambien los problemas para comprame ropa, y que mi madre usaba una palabra horrible pollita. Yo era pollita, madre mia, se me tuerce el ceño solo de recordarlo. Y vestirme, era una tragedia. De mas pequeña, bueno, mi madre ha hecho lo que ha considerado adecuado con independencia de si a mi me hacia ilusion o no, como llevar zuecos, que no me dejo nunca, o tirabuzones ( en la comunion me puso dos trenzas enrolladas tipo la dame de elche, que mira luego en la guerra de las galaxias ni tan mal)

Para colmo por aquel entonces los pequeños habian crecido, mi hermano y mi prima, y ella venia tan delgada...( yo he escuchado a mi madre decir, hombre te queda, no como a marta pero te queda, ella es asi,no tiene filtro, que no esta mal, pero carece de todo tipo de empatia, al menos conmigo)

Cuando una tenia la regla, dejaba de ser una niña. Yo no estaba preparada para dejar de ser una niña. En realidad a mi no me han preparado para nada, y no he estado nunca preparada para nada. Pero volviendo a entonces, que tanto cuesta, tengo que pensar para recordar como fueron las cosas.

Quinto de EGB fue el año de la regla, y aquel verano, hasta sexto, el verano de la infamia, del cuerpo a esconder, de mirar a la cria de reojo porque a ver si la va a liar...que pobre niña

Por contra, mi madre era una señora estupendisima, modernisima y guapisisima. Tengo yo una foto de quitar el hipo. Asi que supongo que entre todas las cabezas pensantes de los adultos decidieron que habia de dar curso a los acontencimientos, y creo, puede ser porque no tengo recuero de cuando exactamente, que todo empezo cn sexto de EGB. Os lo cuento ya, considerando que no tengo a quien preguntar, todo aquel entorno se ha esfumado, o simplemente nunca lo hemos hablado. En mi casa, todo se calla.

La regla fue el punto de inflexion en mi existencia, y mi madre no ayudo mucho. Cuando me vino la regla, me dijo ahora ya sabes que tienes que tener cuidado. Yo tenia once años de los de entonces, de los ochenta, no tenia ni idea de que significaba tener cuidado. Sobre como concebir, yo sabia que era cosa de un hombre y una mujer, y que tenian que estar casados porque sino era una cosa gravisima y pecado y te tenias que avengonzar. Pero ni idea de como suceda aquello.  Y como lo iba a saber, si no me lo habi adicho nadie. Por aquel entonces habian entrado tres chicos al colegio, tres. Por suerte, en la otra clase, porque si llegan a ir a mi clase, lo mismo me embarazo¡¡¡

Con once años sangras a borbotones. En invierno se puede sobrellevar, pero en verano...Lo peor es que mi madre decidio que yo no usase compresas, sino unos pañitos de algodon blanco que se movian  todo el rato y fueron mi pesadilla y mi verguenza toda mi adolescencia...toda no, la regla se fue a los doce.

Cualquier mañana tenia que lavarme el uniforme porque se manchaba, o no me daba cuenta y recorria el camino a casa machada...esa es otra cosa que no le voy a perdonar.



martes, 9 de enero de 2024

Una cosa que hubiera molado mucho en el internado es que se hubiese parecido en algo, aunque remotamente, a Torres de Malory. Llevabamos uniforme. Es cierto, el uniforme más horrible que imaginar pudieses. Un pichi marron de pata de gallo. Allí no había lugar para la comodidad, la estetica ni nada. Y yo, que aquel año, a base de pan con mantequilla, redondee curvas, erea un verdadero esperpento. la adolescencia con toda su crueldad vino demasiado pronto y acabo con todo como un tsunami de dolor y oscuridad.

Pero volvamos al internado, por llamarlo de alguna manera, porque si miro atras aquello era un viaje en el tiempo a las más rancias esferas del franquismo, algo insoportable.

Yo tenía dos uniformes, y un año despues mancharia uno de sangre sin saber muy bien que era lo que pasaba.

El día que llegue al internado, me llevaron a traves de largos pasillos, altos techos...hasta el dormitorio. Aquello era lo peor. Una estancia alargada, y a ambos lados, las "estancias" separadas entre ellas por un trozo de pared y del pasillo central por una cortina marron. En cada estancia una cama desvencijada,un armario que se caía y una mesilla. Esa era la "estancia".Ventanas altas que no dejaban ver la calle. Y frío. Allí empecea conocer un frio que todavia no me ha abandonado.

Al final del pasillo, se abría un espacio con las duchas y los lavabos. Lo de la intimidad todavia no se había inventado. Cada noche las monjas nos obligaban a ducharnos. El agua estaba helada, asi que nos hicimos expertas contorsionistas evitando el chorro frio y colocando los pies estrategicamente para que, con un poco de suerte, la monja no abriese la puerta y te obligase a meterte debajo de la ducha. Que friaestaba el agua. Yo creo que les daba un poco de pena, y me hacian la vista gorda en esto de la ducha. Habia una muchacha de pelo teñido que intentaba acercarse a este único rincon exento que era el mio con la ducha, pero ya os digo que la limosna de sus padre no debio de ser cuantiosa, porque no le valio de mucho lo de ella tambien era rubia natural, que no lo era, y la pobre fue viendo como el pelo perdia su color noche tras noche.

Tengo muuuuuchas historias del internado, historias truculentas sobre un tipo que llamaban el tal victor culon y rondaba el edificio haciendose tocamientos ( yo nunca lo vi), sobre la noche que fuimos a escuchar un recital de una de nosotras, sobre las noches de historias de miedo y quien tuvo que abrir la puerta a la monja ( que fui yo), y sobre le piso segundo, donde estaban las celdas. Tambien sobre la señorita de gimnasia, con falda tb y tacon medio, y sobre la comida, donde empezo el via crucis que nunca acaba. ? Las contare? Pues ya veremos, porque tengo mucha tendencia al desorden.

 Además del chorizo, cuando cumplí los 28 años probre el espejo. Pese a lo que la gente pueda imaginar las anorexicas no se pasan la via mirandose al espejo. Al menos yo no lo hacía,  Y eso es sencillo de comprender si se comprende que no nos vemos. 

Para mi toda esta historia comenzo un domingo, y de aquel domingo conservo una percha.

La percha es lo uqe ha de hilar este relato. Hace tiempo le conté a una jefa cual fue la relación con mis padres cuando era niña y me preguntó si aún me hablaba con mi madre. Sí, pero no tengo pretensiones.

La percha es de madera, y buena, porque cumple más de cuarenta años en el armario. y en ella aparece, en negro, mi nombre mal escrito. Que tipo de padres eligen el nombre de su hija y no se molestan en aprender a escribirlo. pues los mios. Los mismos que aquel domingo me subieron en un autobús para que em conociesen las monjas y un mes mas tarde me dejaron en aquel antiguo cuartel de techos altos a escasos cinco minutos de mi casa, interna. Por aquel entonces ya no se llevaban los internados, pero a mi me llevaron alli, como lo habian hecho los estanqueros con sus tres hijas, a las que en mi pobre opinion debieron meter en tres botijas.

Como yo he sido una cria muy soñadora, lo del internado me parecio, al principio Torres de Malory. Esto hoy en día no lo conoce mucha gente, pero era una serie de libros sobre un internado en Gran Bretaña. Yo leia Los Cinco, Torres de Malory, y de tebeos, Ester. Era un poco pánfila, como os podeis imaginar.

Da lo mismo si con esos nueve añitos yo era fea o guapa, lista o tonta. Se me habia etiquetado en "poco fotogenica", que era una forma sutil de clasificarme en el grupo de feas, y "trabajadora", que era la manera de llamarme tonta o poco inteligente. Pero os voy a decir algo que sospeche durante mucho tiempo, que puede que no fuese un pibon, pero podia haber crecido como una niña bonita. Que puede que fuese una lerda, y nada lista, pero era muy inteligente. Y sobre todo, que pude aprender música. Esto ya lo entenderá quien se entretenga en seguir leyendo todo lo que pienso contar. Solo os dire que se me pribo de todas las gracias y virtudes que a una niña le pueden hacer sentir en este jodido mundo, segura.

lunes, 8 de enero de 2024

primer recuerdo

 Ana sintió que algo reptaba hasta su cama y se despertó sobresaltada. Sintió miedo, no

mucho, un miedo leve. El lugar era casi desconocido, apenas llevaba unas horas

internada en la planta de psiquiatría, no le había dado tiempo a familiarizarse con el

sitio, aunque no le era desconocido del todo. Aquel espacio era demasiado sobrio como

para no haberlo asumido ya, en apenas un día.

Había ingresado a media mañana; la tarde previa, lluviosa, le entrevistó el psiquiatra.

Lloró mucho, no por hablar con él, aquel joven con acento chileno; no, en realidad no

recuerda que él abriese la boca y ni le preguntase nada personal. Tuvo la sensación de

que no le prestaba atención, mirando su caro reloj mientras pasaban los minuto sy ella

desgranaba, por primera vez en su vida, entre lágrimas espesas, lo que le pasaba por

dentro.

Lloro por ella, por su cuerpo huesudo de apenas 30 kilos, por sus piernas descarnadas,

por su pelo raído, por sus padres fuera esperando el veredicto; lloró por la infancia

perdida, por sus 15 años sin vida, por su soledad y por su miedo. Y por el frío. El día

anterior, el de la entrevista, había llovido. El día del ingreso lucia el sol, así que Ana

sintió pena y lloró también por su encierro.

El psiquiátrico era un piso, en realidad la mitad de un piso que partía en dos una

puerta de cristales de espejo, en la cuarta planta de la clínica. “ Son buenos, te

curarán”, le gustaría haber escuchado .En su lugar escucho “no me la devuelvan hasta

que la curen” y tras esas palabras, con las que sintió estar conforme, porque estaba

cansada, cansada de ella, y cansada de ellos, cruzó la puerta de cristal espejo, atravesó el

pasillo enmoquetado del que no podría salir. Era menor, sus padres habían decidido por

ella, era lo legal ,le habían ingresado en un psiquiátrico, sin posibilidad de queja, de

grito, de retorno, de llamar, de salir, de vivir.

A Ana le asignaron una habitación doble, de las que pagaba la seguridad social,

compartida. Le tocó la cama del lado de la ventana, la ventana que, no se abría “para

que no os tiréis” le dijeron. Ella no había pensado tirarse, en realidad había pensado en

portarse bien, ser buena,, hacer lo que le ordenara comer todo lo que le mandasen y

salir de allí .

Por eso, cuando esa noche, acostada, sintió algo, un bulto serpenteante que se escurría

bajo su sábanas, no fue capaz de sentir miedo en medio de aquel entorno aséptico,

banco, pulcro y rancio. O quizás la medicación le impedía sentir miedo. Porque si un

ser grande y torpe que sisea se mete en tu cama cuando tienes quince años y estas sola,

has de sentir miedo. Pero no, ni siquiera sintió sorpresa. Por un momento pensó que en

aquel lugar tendría que soportar algo más que las comidas, e igualmente decidió que

callaría. Aquellas pastillas, lo comprobó años más tarde, cuando las vendía para salir de

fiesta, eran de lo menor.

Se incorporó y escucho un run run de mujer, déjame quedarme, no les llames, déjame

dormir contigo, bajo mi cama hay hombres que me persiguen, los de la eta, susurraba la

vez.

Ana se lo pensó por un momento, dejar a la voz de serpiente allí ,parecía inofensiva, en

realidad le daba igual, no le importaba, no le molestaba su presencia, o no, pensó, o

tengo que ser buena, ser obediente, hacer lo correcto, llamar a los cuidadores, a los

guardianes, como en el colegio de monjas, ser la preferida, la niña buena, y esperar un

elogio, si llega, una buena palabra sesgada, una caricia leve de consolación para los

eternos aspirantes al cariño. Su miedo Ana lo pensó unos segundos y pudo más su

miedo de niña, se escurrió entre los brazos que la agarraban. Además había empezado

a tener miedo de esos brazos.


salió al pasillo descalza, y volvió su mirada suplicante hacia el control de enfermería.

No se atrevía a moverse, descalza en medio de aquel pasillo, no conocía las reglas del

juego.

Notó la mirada fastidiada de aquella enfermera morena, y ella, llorosa, pequeña, sólo

acertó a decir hay alguien en mi cama.

De pronto había mucha gente en el pasillo, ella de pie, a un lado.

Alguien entró por la mujer a por la serpiente y se montó alboroto

La mujer serpiente gritaba peleando en su empeño

Llegaron tres hombres de blanco, todo ocurrió muy deprisa delante de sus narices,

estaba confundida, había muchas personas a su alrededor, enfermeras, celadores,

guardianes de blanco tirados en el suelo del pasillo, tres, eso si recuerda, sobre la mujer

serpiente, que culebreaba y se retorcía gritando

Tardaron un rato en ponerle la camisa de fuerza y se la llevaron arrastrándola entre

todos

La mujer era una anciana, Ana pensó si no le estarían haciendo daño, y se iagino que la

encerraban en una habitación sin ventanas, en un sitio al que ella, niña, no quería ir

Seguía de pie apoyada en la pared.

Una enfermera sin mucha delicadeza de mandar a la cama esa fue la primera de

muchas noches.

Ana no es Ana, sólo soy yo.

exposicion de motivos

Estoy bastante harta de mí misma. Harta de tener que cumplir con rutinas que me impongo...despues de todos estos ultimos cincuenta y tres años.. Al final de este blog espero descubrir qué tan harta estoy de mí.

Yo he sido anoréxica,muy anoréxica, y os puedo asegurar que esto no se pasa tan fácil.

Cuando yo deje de comer, allá por el año 82, no muchas niñas dejaban de comer y niños, bueno, no diré ninguno porque yo conocí a un muchacho. De este muchacho, Luis, ya conté en otro blog que tuve, y seguro que en este también vuelve, vuelve como todos los fantasmas, alto, flaco, blanco...

Os hablaré de Luis, y del frío. Ese es mi recuerdo más vivo.

Pero volvamos a los ochenta, se llevaban las curvas, las hombreras y los pelos cardados. Todavía.  Y como todo vuelve, hoy también) podias llevar un pantalón y marcar cadera..y a mí me sigue acojonando la carne expuesta en toda su exhuberancia.

Pero entonces, si tu madre, como la mía era una moderna( y lo sigue siendo, igual de moderna, tanto que  jamás me ha dicho hija que guapa y que lista....ella esa así, y no entiende el agujerito que tengo) , pero como digo, si tu madre era una moderna, entonces no, entonces tenías que ser fina, llevar camisetas blancas que te quedasen holgaditas y anunciasen un muy leve pecho, no tener culo, ropa ancha y nauticos rosas....un desastre para mi, que no tengo tetas, las tuve, y que fui y soy culona, y el pobre, mi pobre pelo, es liso, y ralo de tanto que me lo ha cepillado mi madre, que no le gustaba el pelo ondulado. Lo peor del pelo es mi madre, diciendome vaya pelo, deberías....lo que sea, tomarte unas vitaminas, hacerte un traramiento....a veces , en el trabajo, les pregunto por mi pelo, y se sorprenden, que qué le pasa a mi pelo..pues eso, el pobre pelo ha sufrido maltrato maternal demasiado tiempo.

De vomitar no he sido, no había nada que vomitar porque no he llegado a premiarme, o sea, no he tenido atracones, lo mío se quedó en el puro sufrimiento, en el castigo. Esta querencia al castigo puede que se la deba a la madre teresiana Francisca, que tanto me inculcó la abstienencia y la penitencia, sobre todo en semana santa, hasta la obsesión se flagelaba y nos invitaba a hacerlo a nuestros incfluenciables 13 añitos, yo la más tonta de todas.

La anorexia es un castigo, es el martirio, el gozo en el sufrimiento, es no quererte, y es una carrera contra ti misma en la que siempre pierdes.

pero contrariamente a lo que nos enseñan las escrituras y los martires cristianos, en el sufrimiento no se goza y este cuerpo que acoge este alma y este corazon, es mi vestidura, mi caparazón, mi coraza, el recimpiente que me lleva y me trae y al que he castigado tanto que a veces pienso que me lo hará pagar.


Y si yo busco sufrir, como no lo voy a buscar en el la gente de la que me he rodeado. Lo peor.

A todo eso puso fin una tarde de domingo, y hoy que mas o menos me quiero, aunque no tanto como debiera o como me consta que se quiere esa gente tan segura de si misma, esos a los que han querido de niños con locura y devocion hoy queno dejo que nadie que me quiera mal entre en mi corralitom lo voy a escribir. 

 Ese verano tuvo un mes de julio. Ese mes de julio, en aras a mayor consecución de la gloria a través de la penitencia, me pedí irme a un ca...