martes, 9 de enero de 2024

Una cosa que hubiera molado mucho en el internado es que se hubiese parecido en algo, aunque remotamente, a Torres de Malory. Llevabamos uniforme. Es cierto, el uniforme más horrible que imaginar pudieses. Un pichi marron de pata de gallo. Allí no había lugar para la comodidad, la estetica ni nada. Y yo, que aquel año, a base de pan con mantequilla, redondee curvas, erea un verdadero esperpento. la adolescencia con toda su crueldad vino demasiado pronto y acabo con todo como un tsunami de dolor y oscuridad.

Pero volvamos al internado, por llamarlo de alguna manera, porque si miro atras aquello era un viaje en el tiempo a las más rancias esferas del franquismo, algo insoportable.

Yo tenía dos uniformes, y un año despues mancharia uno de sangre sin saber muy bien que era lo que pasaba.

El día que llegue al internado, me llevaron a traves de largos pasillos, altos techos...hasta el dormitorio. Aquello era lo peor. Una estancia alargada, y a ambos lados, las "estancias" separadas entre ellas por un trozo de pared y del pasillo central por una cortina marron. En cada estancia una cama desvencijada,un armario que se caía y una mesilla. Esa era la "estancia".Ventanas altas que no dejaban ver la calle. Y frío. Allí empecea conocer un frio que todavia no me ha abandonado.

Al final del pasillo, se abría un espacio con las duchas y los lavabos. Lo de la intimidad todavia no se había inventado. Cada noche las monjas nos obligaban a ducharnos. El agua estaba helada, asi que nos hicimos expertas contorsionistas evitando el chorro frio y colocando los pies estrategicamente para que, con un poco de suerte, la monja no abriese la puerta y te obligase a meterte debajo de la ducha. Que friaestaba el agua. Yo creo que les daba un poco de pena, y me hacian la vista gorda en esto de la ducha. Habia una muchacha de pelo teñido que intentaba acercarse a este único rincon exento que era el mio con la ducha, pero ya os digo que la limosna de sus padre no debio de ser cuantiosa, porque no le valio de mucho lo de ella tambien era rubia natural, que no lo era, y la pobre fue viendo como el pelo perdia su color noche tras noche.

Tengo muuuuuchas historias del internado, historias truculentas sobre un tipo que llamaban el tal victor culon y rondaba el edificio haciendose tocamientos ( yo nunca lo vi), sobre la noche que fuimos a escuchar un recital de una de nosotras, sobre las noches de historias de miedo y quien tuvo que abrir la puerta a la monja ( que fui yo), y sobre le piso segundo, donde estaban las celdas. Tambien sobre la señorita de gimnasia, con falda tb y tacon medio, y sobre la comida, donde empezo el via crucis que nunca acaba. ? Las contare? Pues ya veremos, porque tengo mucha tendencia al desorden.

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