sábado, 30 de marzo de 2024

 Ese verano tuvo un mes de julio. Ese mes de julio, en aras a mayor consecución de la gloria a través de la penitencia, me pedí irme a un campamento de inglés. No era un campamento sino unas colonias, en un colegio, en Jaca. Nos tenían allí veinte días o asi. Era un sitio muy duro, no era cualquier tontería, se estudiaba mucho inglés. Y yo que hice, además de estudiar. Pues compadecerme de mí misma y llamar a casa diciendo que tenía hambre. Pero...desconociendo cual era mi situación, se decidió, en este caso por mi tía Rosa, que por supuesto ni se acordará y que dirá yo?????que hay que aguantar, porque mi tio ( unica referencia de haberse ido de casa, en este caso a la universidad a Valencia) también se quiso volver....el caso que mi padre, que era muy comodón de domingo, el día de la visita de padres me mandó sacar a comer por un señor, dijo un amigo, que me llevó con una familia muy maja a comer chuletillas, y yo comí, claro, chuletillas si. Lo que no se es quien era ese señor ni porque no compramos un piso en Jaca.

Ese fue el verano de los 14.

Cunado regresé estaba realmente mal.

 La segunda quincena de agosto en Salou siempre llueve. Hay unos días de tormenta, las lluvias anegan las playas, el sistema de alcantarillado se desborda cada año, y aquello acaba hecho un asco, por no hablar de que, al menos por aquel entonces, 1984 o 1985, en Salou no había nada que hacer salvo ir a la playa a tomar el sol, con lo cual, los días de tormenta, son un aburrimiento absoluto. No hay nada que hacer.

Lo extraño es que en Tarragona hay Corte Inglés. Pero nunca fui al Corte Inglés con mi padre. Eso es muy raro. Aunque lo entiendo. Porque yo según llegó a Salou, desenchufo, ni me visto, me reduzco a lo mínimo...así que coger el coche es un esfuerzo excesivo, y al Mercadona va mi marido, que no le gusta la playa.

Volviendo a aquel año, de manera extraordinaria fuimos de excursión al Delta del Ebro. Hoy es una especie de parque natural temático, y se comen unos arroces buenísimos. Pero entonces, entonces era Cañas y Barro. No voy a describiros el water del unico sitio que había para tomar algo, y eso de tomar algo es mucho decir. Hacía malo y fue, como todo en aquel verano, un desastre.

Los de Madrid se fueron directos a comprarse un piso en Marbella, y los arrendadores de aquella vendieron el piso.


domingo, 10 de marzo de 2024

 Supongo que los chicos y chicas de mi edad empezaron a salir. Algunos matrimonios que conozco vienen de aquel tiempo. Ese verano fue uno de los peores de mi vida. 

Yo estaba muy muy delgada, era una pena verme. La piel se caia a pedazos, el pelo tambien. Ese verano mi padre decidio ir de vacaciones donde siempre, pero cambió la compañía.

De toda la vida teniamos un piso en Salou. Era un piso algo modesto en un sitio normal, donde mucha gente puede tener un piso en la playa. Pero no nos conformábamos con eso, al parecer. Así que cuando yo tenía nueve años mi padre decidió comprar un piso en un sitio bueno, donde están las mejores familias, y dicho y echo, allí nos acomodamos, salvo que las mejores familias no siempre coinciden con la mejor gente. Allí descubrí gente muy buena de la que un día hablará y gente muy mala que no despreciaba, y no se sentaba a nuestro lado en el cine, y que por cierto, con carácter genera, y no me alegro, tuvieron muchas desgracias y muy duras. 

Este verano aquella gente tan estirada había empezado a tener problemas económicos, así que mipadre les covenció para alquila su pisito, el segundo, a una familia amiga nuestra. Nuevos ricos. El choque de la familia amiga con el piso fe como el de un elefante que entra en una cacharrería, pero eso es harina de otro costal.

Fueron quince días horribles. Ellos tenían tres hijas, la mayor es de mi edad y la menor de la edad de mi hermano. Nos apuntaron a windsurf. Acostumbrados a Marbella, Salou era puro cutrerío.

Yo era puro hueso. Para entonces ya no quedaba nada de mí. Tenía frío y no me permitía concesiones. 

Una de las cosas más horribles de la anorexia es el castigo. Los castigos son los premios. Una mañana hacía frío y madrugamos para ir a windsurf. Al volver pasamos por una pastelería y ellas quisieron unos bollos. Pero yo no podía. No podía darme ese premio porque privarme del premio era el premio. Aguantar.

Los sacrifios, la cuaresma, los mártires.

Ella, la madre, hizo un gesto de hartura.

 Ese verano tuvo un mes de julio. Ese mes de julio, en aras a mayor consecución de la gloria a través de la penitencia, me pedí irme a un ca...