domingo, 18 de febrero de 2024

 Creo que todos empezamos a darnos cuenta de mi delgadez en mi 14 cumpleaños.

Por la razón que sea, esa primavera , un sabado, mientras mi madre fregaba las escaleras, le dije que queria comer queso. Mi madre me dijo que tendria que ir a comprarlo. Y donde lo compro, le pregunte. Me mando a una tienda de ultramarinos, y creo que la final ni me comi el queso. Seguramente hacia ya mas de dos años que no probaba queso, y mis huesos , alimentados con el agua manchada de la leche desnatada, pedian a gritos un chute de calcio.

Cumpli 14 años el dia 14 de abril de 1984, y quizo la casualiad que ese dia me confirmase

A catequesis no habia ido, porque estudiaba en las monjas y convalidaba. Quizas, de haber ido, hubiera socializado, o no, para entones ya era una ameba muerta de frio.

A confirmarnos venia el obispo, nada menos.

Y teniamos que estrenar ropa claro. Por aquel entonces te compraban, se te compraban, conjunto para los domingos, y la ropa que se llevaba, era la ropa que se llevaba. No era como ahora, que cada cual puede vestirse como más o menos le venga en gana. Se llevaba una cosa muy rara que eran los jerseis de punto flojos, y las faldas pantalon. Aquello me vino de coña para disimular. Recuerdo el pelito corto, pobre, casi muerto. Y que ese dia era viernes. Se salia por ahi, se cenaba con la familia y luego se salia. Yo no queria salir, todo lo que pasaba en la calle y mas en la noche era pecado. Yo tenia que ser buena, Pero mis padres me insistieron y sali. Entonces todo el grupo, que seriamos cuarenta, fuimos a una discoteca, pero no dejaban entrar si no tenias catorce. Senti alibio, a saber que te hacia el demonio si entrabas en ese lugar. Todos los quintos querian divertirse, crecer, descubrir, vivir. Yo solo queria irme a casa a hacer nada, que todo estuviese en su sitio, controlar el sufrimiento para estar tranquila. El infierno de la no vida.

lunes, 12 de febrero de 2024

 A partir de aquel momento, de forma muy poco apreciable, fui eliminando comida de mi dieta. Lo primero fue eliminar un plato. Eso es fácil, porque comes el primero, y puedes pasar por no comer el segundo.También puedes eliminar el postre, o mejor aún trasladarlo a la merienda, así matas dos pajaros de un tiro. Otra cosa que se puede hacer es eliminar los premios. En realidad, pase a convertir los castigos en premios. Es decir, los premios que eran una alegria para el cuerpo, los dejé pasar. Te das cuenta de que puedes pasar sin el helado del domingo,  y ese castigo que reconforta más que el premio del helado. Al principio no era un castigo, era un triunfo. En realidad era como un juego, en el que ganaba cada  vez que perdia. Una carrera contra mi misma. Y según avanzaba en este camino, me iba quedando más y más sola. Pronto empece a ir o dejar de ir a los sitios en funcion de la comida. Si habia una reunion, antes de ir valoraba el asunto de la comida que habria.  Empezo el racionamiento. O sea, habia ido eliminando todo lo que podia sobrarme  y habia reducido la dieta a la minima expresion, una nimiedad perfectamente calculada y medida, que se convirtio en una obligacion, en una regla de vida. No podia comer mas alla de aquello a lo que habia reducido mi vida, y pronto empezo a ser un problema, porque no podia ir a ningun sitio, en este pais hay comidas en casi todas partes. Deje de relacionarme con la gente de mi edad. Me limite a continuar el curso, agarrada a los absurdos preceptos religiosos de unas monjas de otra epoca. Y empece a adelagazar de verdad. Deje de dormir. Ese curso adelgace muchisimo, era increible, de repente, en unos meses, perdi todo.En casa, no tengo claro lo que sucedia. Yo  creo, ahora mirando hacia atras, que no se debieron dar cuenta de todo esto hasta que ya fue tarde. Me refiero a que de pronto me miraron y me dieron flaquisimo, delgadisima, puro hueso, y entonces dejaron de llevarme a Pamplona, o quizás, no lo recuerdo, hacia tiempo que ya no iba. Tambien dejaron de darme las pastillas. Un buen dia, entre al comedor y delante de aquellas mesas la monja me quito la pastilla azul. Yo recuerdo rogarle porque mi tiroides...pero era la madre Francisca, la que me enseño a ayunar, asi que sin ninguna delicadeza me desengancho de un porrazo mental, recuerdo sus palabras, mi hermano ( seria el hermano jesuita que se cometaba estaba en la carcel por colaborar con banda armada) tambien tenia el metabolismo lento...mentirosa de monja, alguien, mis padres, debieron hablar con el colegio, y me quitaron las pastillas. Las anfetaminas. De golpe. Mucho mas efectivo que proyecto hombre. Deje de ser drogadizta en treinta segundos. Y decidieron que me vigilarian la comida. Aquello fue un infierno. Tuve que hacer uso de todas mis artimañas y esconder mil bosas de comida.

Y en casa. Bueno pues en casa estaba la rutina, que no cambio. La acelga con cordero, la leche desnatada, en fin.

lunes, 5 de febrero de 2024

 Aquel verano pude ser que fuese normal. La rutina me la recordaba mi madre, yo tenia que cuidarme. Lo que devino despues creo que paso muy rápido. Ese verano empece a adelgazar mucho, y recuerdo el dia en que estaba sola en la piscina de casa, mis padres se habian ido a una boda, mi hermano estaba con los primos, y yo tenia sobre la mesa mi comida favorita, ensalda de verano y pollo asado. Ese dia decidi que podia comer solo una cosa, no las dos, no hacia falta primero y segundo, me conformaba con una. Y lo hice, solo comi la ensalada. Entonces entro en mi la idea de aminonar la comida, hasta ahora, todo era medido, controlado, no habia mas, era lo que era, los pocos alimentos permitidos, el orden, la cantidad...pero ese sabado dimos un salto. Podia ser menos.

jueves, 1 de febrero de 2024

 Despues de aquel cumpleaños, las cosas cambiaron. No se trataba de adelgazar y ya esta, ahora habia que seguir asi...todo el rato. Supongo que mi orgullo se veria herido, no me sento bien aquello.Aquel verano dio comienzo la carrera al infierno. Recordar no recuerdo mucho, no tengo imágenes. La siguiente imagen es la de la monja de septimo de EGB, el curso de la ignominia. Ese curso fue muy duro. La madre Francisca, que no merece mi recuerdo, nos enseño a ayunar. Aqui es nada. Porque decia que no ibamos a vivir por segunda vez esta cuaresma. Aqui ya me di cuenta yo de que no comer era una opcion. Asi que me iba al colegio a las ocho de la mañana con un vaso de leche desnatada y con la cosa del ayuno volvia a casa a las siete de la tarde  y mi madre me daba una cuajada de merendar.

Seguía "medicada" claro, y lo de ir a menos, o menguar, no iba tan deprisa. Nos acostumbramos a verme, ya era una forma de vida.

Yo por mi parte me acostumbré a mirar las calorias de una rodaja de salchichón en el libro sobre alimentos del armario del pasillo. Solo que ya nunca había una rodaja de salchichón.

Pero paso septimo, lo unico reseñable es que en vez de sobresaliente la nota final fue un notable. 

Considerando que iba ciega de anfeta todos los dias de la semana, es considerable.

las cosas en el colegio iban muy mal. El autobus de la tarde no salia hasta las 18,30 horas. La estacio de autobuses era fria y estaba sucia. Lasa mayores tambien tomaban anfetaminas, unas por decision medic ay otras por decision propia. Llevaban carpetas con Pedro Marin o Los Pecos, pero yo todavia estaba muy lejos de ese mundo al que por cierto nunca llegué.

la soledad y el frio invadieron la semana.

De mi casa, de mi gente, no recuerdo absolutamente nada

Solo de aquellas tardes esperando el autobus

Casi ninguna de las chicas comia, asi que yo no tenia la sensacion de ser rara.

La única diferencia es que yo tenia la sensacion de que ellas eran un grupo, yo no estaba en ese grupo

Aqui ya cada cual esligio su camino, algunas fueron sensatas y felices, y otras nos dirijimos a la perdicion, pero yo solo contare la mia, todos tenemos secretos que no deben revelarse.


 Cuando comenzó la dieta, y como mi madre era moderna y mi padre bajito, se decidió que todos nos uníamos al aburrimiento. Por aquel entonces yo contaba con un hermano, flaco y rubio, que parece ser que no entraba en el concepto de todos . Mi hermano traslado su infancia y adolescencia la piso de abajo, donde vivian mis tios con mis primos, y donde hacia parada mi padre antes de entrar en el agujero en que se convirtió mi casa. En el piso de abajo se comia de verdad, se guisaba y habia bizcocho. Habia ruido y gente y calor, en el segundo. El tercero, mi piso, era el silencio, el frio, el libro del armario del pasillo que se usaba para consultar las calorias que tenian cien gramos de salchichon, la acelga y los filetes de cordero.

Los sabados se comia pocho asado, y de primero menestra en invierno y ensalada de verano en verano. Los domingos costillas asadas al horno. Esos dias eran la bomba.

En mi vida aparecieron el queso fresco, el requeson y las galletas integrales recien inventadas.

El requeson nos lo daba la vecina, amparo, que toda la vida han tenido granja de vacas y han vendido la leche recien ordeñada en el zaguan de su casa vieja. El queso fresco el vecino de atras, que tenia rebaño de ovejas. Esas fueron mis alegrias, porque los bocadillos, los macarrones, las magdalenas y las empanadillas parasaron a engrosar la lista de lo pecaminoso.

Eso si, yo adelgazaba, estaba más fina.

Y cada mes subiamos una tarde a Pamplona, a pesarme. 

Al principio debí de bajar de peso muy rápidamente, y luego, supongo que me estanque´, porque aquel señor , como a los dos o tres meses, tuvo a bien incrementar la dosis diaria de anfetaminas. Asi que antes de los doce años, ya tomaba tres anfetaminas al día. Entonces si que empece a adelgazar de lo lindo. La idea era acelerar el metabolismo, y vaya si se acelero, hasta el infinito y más allá.

Un buen día, dejé de reglar. Yo creo que no me hubiera enterado, para entonces a lo panfila que era se sumaba que estaba permanentemente colocada. Supongo que se dio cuenta mi madre. Mi recuerdo se limita a unos dedos imparables que rompian el encuadernado de los tebeos que mi tia Rosa me habia dejado con tanta ilusion, rojos, de ester y que destrocé sin darme cuenta, y a esperar despierta a que llegase el sueño sin entender porque tardaba tanto.

Se lo comentaron una tarde al doctor, que considero un hecho de lo mas normal que dejase de reglar, pues el, segun dijo, atendia a muchas niñas de ursulinas a las que les pasaba esto estando en el internado.

Y mis padres le creyeron.

De verdad alguien puede creer en el año 82 que las ursulinas, si a una interna no le venia la regla, tenian conocimiento de ello y se lo consultaban a este medico? Venga hombre¡ Hay que tener muchas ganas de creerte lo que te dicen para creerte este cuento.

Pero yo sin regla, y cada dia más delgada.

Tengo un poco de recuerdo de mi once  o doce cumpleaños, los años me balian en esa epoca. Recuerdo racion extra de queso fresco, ese que tenia cuadritos pequeñitos dibujados , y celebrar el cumpleaños con la familia, con las amigas...hasta que mi madre que dijo que ya valía, que me estaba pasando un poquito tanto celebrar el cumpleaños y que andaba comiendo mucho queso. Adios cumpleaños. Seria el doce cumpleaños.



 Ese verano tuvo un mes de julio. Ese mes de julio, en aras a mayor consecución de la gloria a través de la penitencia, me pedí irme a un ca...