Al colegio de Teresianas íbamos las dos hermanas que vivían a las afueras del pueblo y yo. Si mi familia era moderna, la suya me ganaba por goleada. Tenáía una vajilla con rayas de colores, que luego copio mi madre, y un frigorifio con grifo de agua incorporado. Comian cosas modernas, eran modernos. Cada semana nos llevaba su madre, o mi padre, la colegio. Y volviamos en un autobus despues de esperar hora y meida en una estacion cutre llena de yokis, y gente de estacion de autobuses. Ese era nuestro dia. Las nilas roda era tambien un poco gorditas, y la madre,y el padre que eran unos enterados y muy muy modernos, le hablaron a mi padre, ojo, a mi padre, de un medico de pamplona, donde ellos iban a llevar a las niñas, para hacerlas adelgazar. Aqui empieza todo.
Una tarde mi padre nos llevo a mi madre y a mi a Pamplona al tal medico. Era un piso viejo, de techos altos y contraventanas de madera. Las paredes blancas. Las ventanas oscuras, madera, cerradas. Aquel era un hombre grande, pelo oscuro, quizas algo de joroba. Muy grande. Me recuerda a Gargamel.
Tambien había una enfermera, no muy joven.
Me pesaron en una báscula antigua, todo allí era viejo. Y no recuerdo hacer ningún tipo de prueba, pero...se decidió, y que alivio para todos, que mi metabolismo era lento. Eso era un alivio, porque no era una gorda viciosa o perezosa, era por el metabolismo, que era lento. Yo no se si mi metabolismo era lento o no era lento, pero vive Dios que me lo aceleraron.
Y a dieta, una dieta asquerosa para una niña de doce años, una dieta que basicamente consistia en no comer más que acelgas y borrajas con cordero a la plancha de lunes a sábado, y el domingo era fiesta. Como variantes super innovadoras se introdujo la cuajada, el queso fresco y el requeson. En otra entrada os hablo del requeson de Amperio, que seguramente me ha salvado la vida. Otra modernidad eran las galletas integrales. Y el domingo, fiesta. Me ponia de magdalenas morada.
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